Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

estamosenelmundo

Jueves, 04 de mayo de 2006

De regreso

Luego de la visita a la Feria del Libro.

Con nula experiencia, pues nunca había estado en la Feria Internacional del Libro, me "embarqué" hacia Buenos Aires.
Sábados , domingos y feriados, funcionaba de 14 a 23. De modo que en mi fin de semana, sólo tuve horarios ocupados por la tarde. Igual, con el agotamiento adquirido en cada recorrido, la mañana era parte de mis últimas horas para descansar.
El primer día, muy disciplinadita, formé la fila que alcanzaba a cinco cuadras, para sacar entradas. No había venta de anticipadas.Tarde más de una hora en acceder al predio.
Ya adentro, a informes: plano del lugar. Verificación de dinde estaba, y movimientos que haría.La multiplicidad de actividades paralelas a la Feria dificultaron mis decisión rápida.
Recorrí íntegramente el sector amarillo, parte del azul y nada del verde en el primer día, pero sin detenerme mucho, pues quería hacer un "estudio de terreno". Antes de terminar el paseo entre la marea de gente que iba de un lado a otro, las voces apagadas que salían de los distintos salones de conferencias, las más vivas de los payasos en los stands infantiles, la algarabía de los colisteros para recibir una ración gratuita de Fernet Branca, me entrevisté con una amiga vía Internet, con quién hemos trabajado en proyectos educativos: Pelusa Olivera.Encontrarnos ya fue una odisea, como pueden imaginar, pues curiosas conmo somos ambas, ya una estaba libre mientras la otra se había metido en alguna actividad o visceversa.De la mano de Pelusa fu que conocí a Olga, otra de las del cyberespacio. Atendía en el stand de EDIBA, una editorial dedicada exclusivamente a temas escolares que tiene gran aceptación entre el público Docente. HAblamos poco, pero ya los rostros y las voces de estas amigas fueron cerrando la idea sobre ellas.
Con Pelusa recorrimos algunos stands, nos sacamos fotos, intentamos acercarnos a algunos escritores, nos hicimpos regalos mutuos, y nos acompañamos a hacer compras.Luego, un rato en la confitería para conocernos un poco más.
El murmullo continuo me estaba ensordeciendo.Me sentía mareada y sumamente agotada.Determiné entonces,retirarme a descansar pues no tenía garantía de cómo me sentiría para el día siguientesi continuaba en la Feria.
Me despedí de Pelusa, al borde de las 22,30.
El día siguiente lo alterné entre visitas a edificios religiosos, rezos, hermano, sobrinos, y de vuelta, a la Feria. (esta vez más organizada)
Dispuse no hacer cola para la entrada, de manera que fui caminando paralelo a las gentes que iban por su entrada, dispuesta a aprovechar de algún claro que se produjera por alguna razón.Así lo hice, asombrándo- me por la propia audacia.
Pero tuve que esperar que en boletería el joven que me vendió las entradas consiguiera monedas.
Esta segunda visita iba a ser más específica: compras, y compras, y compras.
En los lugares donde las efectuaba, había que hacer largas filas para el cajero. Aunque había más de cuatro en cada espacio,el tiempo de espera se hacía interminable.
Como no permiten ingresar con bolsos ni mochilas, a cada compra que se contenían en tres o cuatro bolsas de plástico blando, las fui depositando en los "lockers" puestos estratégicamente. De eses modo, pude continuar el recorrido con mayor facilidad.
El problema por cargarlos fue al finalizar el paseo y compra que había dispuesto. Haciendo descansos, caminaba un poco con la carga en sendas manos, hasta llegar a la parada de taxis.
A las 23, conseguí uno cuyo chofer tuvo la amabilidad en ayudarme con los paquetes.
Ya en el hotel, evitando hacer ruido con las bolsas bochincheras, las dejé por doquier, y me tiré sobre la cama - según yo, por unos minutos para luego bañarme _ y dormí hasta el día siguiente de un solo tirón.
Estaba en Buenos Aires, y no había visto más que escaparates llenos de libros, a los que no pude destinarles mi habitual deferencia pues el ámbito me robaba la atención exclusiva en todo momento. Revisé las cuentas, revisé las listas de libros que había hecho previamente, comprobé que sólo me quedaba resto para un libro más, y entonces, decidí no volver, aprovechar el sol de otoño, y caminar las calles de la gran ciudad, hasta las hora de mi regreso.



Por: Diana Laura Caffaratti | General | Comentarios (3) | Referencias (0)

Comentarios

Gracias. Deliciosa crónica de un viaje hacia afuera y hacia adentro. Saludos

Álvaro Ramírez | 07-05-2006 10:53:22

a mi tb me ha gustado, muy bonito

Cotu | 08-05-2006 00:41:47

Gracias por contarme un poco de la Feria del Libro.Soy de Córdoba y ya pasó otro año en el que me quedo con ganas de ir!
Saludos

Gaby | 10-05-2006 05:42:30

Comentar


Recordar datos