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Domingo, 11 de diciembre de 2005
Esperanza . Alegría. Partida en dos
Antes, en tiempos de mi niñez, cuando la economía no era tan devastadora como en la actualidad, en cada hogar de empleados, se hablaba del aguinaldo con alegría. Con el aguinaldo se tenía una Navidad colectiva, con regalos importantes al pie del árbol, una comilona pantangruélica, y mucha, mucha cohetería...
También alcanzaba para poner una cuota adicional en el plan de pagos del auto del jefe del hogar. Y hasta permitía recibir al nuevo año con una amplia sonrisa.
Después, hubo años cuando el aguinaldo se anunciaba muy después de la fecha legal, cuando todos y cada uno de los asalariados, en honor a la tradición, empeñaba la cifra por conservar la supuesta alegría de las fiestas de Diciembre... Y, claro! El fiado todavía existía...
Más tarde, el dólar impuso sus maneras y nuestro peso, que cambió de nombres y sufrió ceros a la derecha pero valió varios ceros a la izquierda,... comenzamos a tener conciencia que nuestro status se venía en decadencia franca.
Protesta va, protesta viene, nos dividieron el aguinaldo en dos: cuarto sueldo en junio y cuarto sueldo en diciembre...De tal modo, trataron de conformarnos dos veces al año con una ilusión que no fue ni es, chicha ni limonada...Y acallaban nuestras protestas por un sueldo mejor...
Y como el ser humano es un animal de costumbres... de malas costumbres, parece, es que ya no nos alarma saber que antes del 23 estaremos cobrando el sueldo de enero y que en enero estaríamos cobrando el aguinaldo de diciembre del año anterior...
Con razón dicen que la política es la ciencia de hacer posible lo imposible!
Y nosotros, con espíritu papanoelesco, HO, HO, HOOOOOOOO!
Hasta aquí, yo, Diana Laura.(que confieso, para no dejarme influir por Norberto Firpo, no leí su artículo hasta producir lo mío)
Veamos ahora que se publicó al respecto en mi diario preferido:
Publicado en la ed. impresa: OpiniónSábado 10 de diciembre de 2005
Noticias | Opinión | Nota
Norberto FirpoRigurosamente incierto Aguinaldos en flor
Dicen los diccionarios que el aguinaldo florece hacia Navidad; que hay aguinaldos de hojas palmeadas, aflechadas o cordiformes (con forma de corazón) y que echan flores blancas, encarnadas o rosáceas. El aguinaldo, de acuerdo con la cuarta acepción que la Real Academia Española da al término, es una planta melífera, trepadora, pariente de la batata. Pero, sin ofender a la botánica, la voz "aguinaldo" es una de las más felices del idioma gracias a su primera acepción: regalo que se da en Navidad o en la fiesta de la Epifanía.
De allí deriva la definición de ese estipendio extra que rige en la Argentina desde hace exactamente sesenta años. Un dato curioso e irrelevante es éste: los mataburros siguen aceptando el arcaísmo aguilando, que significa lo mismo y que todavía no se sabe si proviene del latín o del sánscrito.
El aguinaldo monetario nada tiene que ver con el reino vegetal, pero aun así impregna el aire de gratos efluvios. De acuerdo con los otorrinolaringólogos, esos efluvios son rápidamente captados por las papilas olfativas de la billetera, que, a su vez, sacuden la modorra de las hormonas consumistas. El proceso endocrino es intrincado, pero lo cierto es que tales hormonas, francamente perversas, excitan la voluntad de despilfarro. Para peor, por ahí andan las enzimas del poder adquisitivo, de pronto envalentonadas, que inducen a fomentar necesidades innecesarias, como, por ejemplo, la de comprar una regadera para el jardín habiendo en casa manguera y abuelo, tan cómodos y portátiles, a cargo de esos menesteres.
El aroma del sueldo anual complementario es efímero, se diluye en el smog, de manera que, apenas superada la inflamación del bolsillo, la austeridad vuelve a reclamar sus predicamentos. Como se sabe, líderes políticos de morondanga y economistas graduados con diploma de honor consiguieron que los argentinos se empobrecieran y desarrollaran sensiblemente la membrana de la austeridad.
Es fácil comprobarlo: esa membrana vibra a destajo en las barriadas humildes, lo cual demuestra que la austeridad sólo es virtuosa cuando la ejercita el pudiente prudente, no cuando la miseria asedia, cuando tanto pobre diablo debe acatarla, sin más remedio, para paliar el hambre.
La fragancia de los aguinaldos en flor promueve ilusiones y aun espejismos que, por desgracia, las narices menesterosas no alcanzan a percibir. Pero si las narices del Gobierno son verdaderamente sensibles, vale la pena confiar en que esa discapacidad resulte de una buena vez superada. La pregunta es ésta: ¿hay suficientes otorrinolaringólogos en la Casa Rosada?
Por Norberto Firpo
Para LA NACION
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/763488
Por: Diana Laura Caffaratti | General | Comentarios (4) | Referencias (0)
Mis amigos leen pero no comentan. Me envían sus pensamientos a mi correo.
Qué pasa, josé, huguín, MM, Herodata?
Escriban aqué. Sí?
Diana Laura | 15-12-2005 03:41:05
Todo sigue igual.
Hoy, los cajeros automàticos sòlo despedìa a caras de decepciòn.
Te ha pasado a tì lo mismo?
JosèK | 28-12-2005 13:13:42
Todo sigue igual.
Hoy, los cajeros automàticos sòlo despedìan a caras de decepciòn.
Te ha pasado a tì lo mismo?
JosèK | 28-12-2005 13:14:13
cecilia | 07-01-2006 14:59:54