Para cualquier bien intencionado que tenga deseos de intervenir
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Viernes, 02 de diciembre de 2005
Pitol, un lector de cuentos en la niñez
Publicado en la ed. impresa: CulturaViernes 2 de diciembre de 2005
Noticias | Cultura | Nota
Del encierro a la aventura del viaje
Contrajo malaria a los 4 años; recluido, dedicó su infancia a la lectura
La enfermedad ha sido punto de fuga para muchas vocaciones literarias. En el caso de Sergio Pitol, la dolencia fundacional fue precoz: a los cuatro años contrajo malaria y durante los siguientes ocho debió vivir prácticamente encerrado, la mayor parte del tiempo en una finca veracruzana. Más allá de la envidia que le suscitaban las correrías ajenas al aire libre, la disponibilidad de tiempo le permitió adentrarse en la lectura de la poblada biblioteca familiar e imaginar periplos aventureros por todo el globo.
Era inevitable que, ya adulto, Pitol se convirtiera en viajero. La literatura le permitiría visitar territorios de ficción; el nomadismo, muchos rincones del mundo. Roma, Pekín, Barcelona, Inglaterra lo tuvieron, en su juventud, entre sus residentes circunstanciales. Luego, de su paso como diplomático por países ubicados del otro lado de la cortina de hierro, le quedaron conocimientos lingüísticos que Pitol supo aprovechar con maestría. Tradujo, entre otros autores, a Witold Gombrowicz y a Boris Pilniak. También realizó versiones de autores como Ronald Firbank y Ford Madox Ford ("El buen soldado").
Pitol ha dicho que su creación literaria surge de la dialéctica entre escritura y errancia. Si se tiene en cuenta sus primeros libros de relatos, deudores de cierto realismo trasnochado, no caben dudas de la afirmación. La errancia, sin embargo, fue postergando la elaboración, publicación y difusión de esa obra. "El tañido de una flauta", la primera de sus novelas, fue publicada en 1973, pero sólo a partir de los años 80 su obra comenzó a divulgarse con centro en Barcelona.
Pitol es un virtuoso cuentista y ha publicado ocho volúmenes de relatos, entre otros "Nocturno de Bujara" (también conocido como Vals de Mefisto). De sus cinco novelas se destaca el "Tríptico de carnaval", título con que se conoce a "El desfile del amor" (1985), "Domar a la divina garza" (1988) y "La vida conyugal" (1991). La trilogía lo llevó a la primera línea literaria, aunque no lo liberó del aura de outsider que en cierta época a Pitol le calzaba como un guante.
En tiempos en que el boom comenzaba a apagarse, las obras de Pitol introdujeron una nueva perspectiva literaria en países como México (y otros de América latina) donde la línea estética instaurada por Rulfo era inexpugnable. Sus libros eran comedias jocosas, plenas de referencias literarias. En ese sutil trastocamiento se reconocen influencias inéditas en muchos países de lengua española, como las de Henry James y otros narradores de cuño anglosajón.
En la última década, Pitol imprimió un nuevo sesgo a su corpus con obras en que se entrecruzan lo ensayístico, lo literario y lo ficcional. W. G. Sebald o Claudio Magris son otros nombres que surgen al leer "El arte de la fuga" y "El viaje", un bello y original libro acerca de Rusia y su literatura.
El Fondo de Cultura Económica lanzó años atrás dos lujosos volúmenes con su "Obra reunida" y en estos días Anagrama acaba de distribuir en la Argentina la antología "Los mejores cuentos", con prólogo de Enrique Vila-Matas.
Por Pedro B. Rey
De la Redacción de LA NACION
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/761324
Por: Diana Laura Caffaratti | Literarias | Comentarios (0) | Referencias (0)