Para cualquier bien intencionado que tenga deseos de intervenir
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com
Domingo, 12 de junio de 2005
La trampa del indigenismo Marcos Aguinis Mis primeras palabras consistieron en recordar que los indígenas son considerados, con justicia, los primeros dueños de esta tierra, cuyas culturas y protagonismo fueron reprimidos sin misericordia. Con diferencias de un país a otro, en muchos aún forman comunidades importantes y en otras han alcanzado un mestizaje intenso.
Sábado 11 de junio de 2005
Noticias | Opinión | Nota
Marcos AguinisLa trampa del indigenismo
Por Marcos Aguinis
Para LA NACION
SANTIAGO
Acaban de inaugurar la nueva autopista del aeropuerto a la ciudad y atravieso como una flecha los espectaculares ocho kilómetros que corren por debajo del río Mapocho. Es un túnel que serpentea por todo el centro, descongestiona el tránsito y revela que Chile -gracias al sólido Estado de Derecho que garantizan sus sucesivos gobiernos- estimula inversiones multimillonarias que aceleran el crecimiento del país con botas de siete leguas.
El encuentro internacional al que concurro ha sido organizado por la Fundación Libertad y Desarrollo en celebración de sus fecundos quince años de existencia. Me habían encomendado disecar un tema perturbador de nuestro continente: el indigenismo. Concurrían expertos de Canadá, España, Estados Unidos, China, Perú, Venezuela y Bolivia para tratar ése y otros ígneos asuntos de nuestro tiempo.
Sin más rodeos, paso a sintetizar lo que allí expuse. Mis primeras palabras consistieron en recordar que los indígenas son considerados, con justicia, los primeros dueños de esta tierra, cuyas culturas y protagonismo fueron reprimidos sin misericordia. Con diferencias de un país a otro, en muchos aún forman comunidades importantes y en otras han alcanzado un mestizaje intenso. El problema actual consiste en ayudarlos a encontrar un camino de verdadera reparación y ascenso, o permitir que se los desvíe hacia la trampa de zanjones regresivos y totalitarios, como sucede ahora en Bolivia. Es muy fácil confundir. Y en ese punto centré mi advertencia.
En efecto, su reivindicación ya es importante. No sólo hay una revisión de la historia, sino proyectos que incluyen utopía y epopeya. Los indígenas han pasado a convertirse en las grandes víctimas del continente, lo cual no es ajeno a la verdad. Pero el énfasis distorsiona, simplifica e idealiza su pasado. Más grave aún: pretende convertir el pasado en modelo. Eso no está bien, porque es reaccionario y letal. Como ejemplo, bastaría reflexionar sobre la exigencia de Sendero Luminoso a los campesinos peruanos con el fin de "liberarse" de la opresión europea: cultivar sólo productos anteriores a la Conquista, tales como papa, quinoa y maíz. En cambio, descartar las venenosas importaciones llamadas trigo, cebada, centeno, avena, arroz, caña de azúcar y vid; no criar animales malditos, como la vaca, la oveja, el cerdo, la cabra, el conejo y las aves de corral. Para no dejar de ser coherente -agrego yo- habría que abandonar la rueda, el caballo, el buey, el hierro, el vidrio y el arado. Buen futuro, ¿no?
El líder indigenista Felipe Quispe ha dicho que si una parte de la sociedad usa ojotas y otra zapatos, que todos usen ojotas. Es decir, igualar para abajo, porque confunde justicia con miseria.
En la mitificación de numerosos historiadores se han llegado a considerar los levantamientos indígenas de la Colonia como antecedentes de la gesta emancipadora. Pero lo que deseaban no era la independencia ni asemejarse a las repúblicas modernas, sino retornar al tiempo incaico o incluso preincaico, que no fue un paraíso, sino un eterno campo de batalla con masacres, guerras de dominio e incontables sacrificios humanos. La rebelión aymara de Túpac Katarí, en 1782, por ejemplo, no sólo agredió a los criollos, sino a los mestizos y a los quechuas.
Esos levantamientos, aunque heroicos, no significaron un proyecto superador, sino regresivo. Y tuvo el final de todos los movimientos regresivos, como los esclavos en la Antigüedad o los campesinos en la Edad Media. Podemos conmovernos con su heroísmo, pero no considerarlos un paradigma. Los indígenas estaban aterrorizados ante el nuevo orden, que, entre otras cosas, tendía a dejar atrás la etapa primitiva del colectivismo.
Los actuales "bolivarianos" deberían recordar que Simón Bolívar firmó, con su puño y letra, en el año 1824, un decreto que establecía la propiedad privada de la tierra. Acertó en considerar la propiedad comunal un resto arcaico, un modo de producción infecundo. Esto fue trágicamente comprobado por la dictadura izquierdista del general Velazco Alvarado, quien intentó resucitarlas en la década de los años 70: produjo hambre y empobrecimiento acelerado. Ahora se intenta probarlo otra vez.
La idealización contaminó incluso a marxistas como Carlos Astrada, quien no tuvo náuseas en utilizar conceptos acientíficos nazis sobre el vínculo de los pueblos con la tierra y la sangre. En esa línea, posteriores movimientos populistas y tercermundistas usaron a los indios para construir sus artificiales teorías sobre una identidad nacional opuesta al centralismo europeo y a Occidente (este último, odiado por los reaccionarios con patente de progresistas que se fastidian ante las aperturas de la modernidad, la democracia genuina, los derechos individuales y otras abyecciones).
La revolución bolchevique, incapaz de construir un socialismo próspero y democrático, había impuesto concepciones estatistas que permitían el control de las masas y su impúdica manipulación "en nombre" del proletariado. De ahí que sus seguidores y simpatizantes hayan celebrado la civilización incaica como un antecedente del socialismo moderno (¡!). No les importaba la maciza estratificación de clases ni la opresión que padecían los de abajo. Tampoco los derechos humanos, porque para estos fascistas de izquierda, el Estado merece todo y cada hombre no es más que una molécula anónima. Aunque hubo maravillas en las civilizaciones precolombinas, tenían un atraso de cuatro mil años respecto de la Europa del Renacimiento. Esto no justifica, por supuesto, la tábula rasa que se efectuó con sus riquezas y tradiciones. Es otro tema.
Resulta curioso que al indigenismo regresivo lo empezaran a fogonear blancos descendientes de europeos, sin advertir que adoptaban el camino racista que pretendían combatir. En los 70, el boliviano Fausto Reinaga, inspirado en el black power , preconizó la "revolución india" y las luchas entre blancos e indios; la indianidad debía servir para la toma del poder y limpiar el continente de las etnias invasoras (en la Argentina no quedaría casi nadie). El peruano Guillermo Carnero Hoke afirmó que "nuestra razón de ser desde el fondo de los siglos es la razón colectivista". "El pensamiento de nuestros abuelos del Tawantisuyo era justo, moral, científico y cósmico, es decir insuperable" (¡!).
Expresiones como ésas parecían minoritarias. Pero el Primer Congreso de Movimientos Indios celebrado en el Perú, en 1980, proclamó que los indígenas eran la única alternativa redentora, no sólo de ellos mismos, sino de la humanidad. Pasaban a ocupar el trono que el marxismo había atribuido al proletariado, con un condimento horrible: suponer, como los nazis, que las razas puras son mejores.
El problema indígena no es de raza ni de cultura: es social. Los indígenas no tienen que retroceder a un pasado inviable ni limitarse a la economía de subsistencia. Pueden y deben cultivar sus tradiciones, su acervo lingüístico y sus leyendas, por supuesto, pero sin aislarse ni repudiar los beneficios de la modernidad. Si resisten la modernidad se condenan a permanecer como un sector inferior, aislado, débil y carente de real protagonismo. Por el contrario, tienen derecho a dejar de ser las comunidades que dan lástima, resentidas y marginales. Tienen derecho a concurrir a buenas escuelas y universidades, participar en los partidos políticos y asociaciones profesionales. El indio Benito Juárez, que llegó a presidente de México, no se dejó intimidar por quienes lo consideraron un traidor.
Para tomar perspectiva, deberían discutirse las experiencias de la comunidad negra en los Estados Unidos, por ejemplo. Salió de la esclavitud legal, pero continuó sometida a una severa discriminación. Surgieron reacciones como el black power y manifestaciones racistas invertidas, entre las que adquirieron renombre las del primer Malcolm X. A la vez, hubo intentos de vencer los prejuicios mediante el intercambio de estudiantes que provenían de barrios blancos y barrios negros, lo cual no dio frutos. Luego, avanzó la propuesta fraternal de Martin Luther King, que terminó por conquistar a la mayoría de la nación. No alcanzaba, empero, y se sancionó la "discriminación positiva" o affirmative action , mediante la cual se impulsó el ingreso de negros en los centros de estudio y su mejor posicionamiento en el trabajo.
Ahora ya existe una amplia clase media negra con infinidad de profesionales, jueces, diplomáticos, académicos y empresarios. Dos sucesivos secretarios de Estado fueron negros y la actual, además, es una mujer. La affirmative action se ha imitado en muchos países para elevar la cuota de presencia femenina en la política, por ejemplo. Pero considero que este recurso sólo debe utilizarse para cambiar la tendencia, no para durar eternamente. De lo contrario emponzoñaría la igualdad de derechos que debe primar en una verdadera democracia.
En resumen, impulsar el indigenismo hacia el pasado es una trampa que sólo beneficia a demagogos, ignorantes y populistas. Lleva hacia conflictos ingobernables, derramamiento de sangre y un aumento de la pobreza. Habría que reflexionar, en cambio, sobre medidas racionales, como la affirmative action , para que todos los indígenas de América latina, sin perder sus raíces, tengan por fin cómodo acceso al progreso cultural, económico y social.
Link corto: http://www.lanacion.com.ar/711856
Por: Diana Laura Caffaratti | General | Comentarios (2) | Referencias (0)
Los Mapuches reclaman sus heredades. Ni más ni menos.
No hablan de retrocesos. Sólo de reinvindicación, dignidad, y progreso en donde FUERON SUS TIERRAS desde tiempos inmemoriales--------------------------------------------------------------------------------
Domingo 22 de Agosto 2004 | QUE HAY DETRAS DEL DESALOJO A LA FAMILIA MAPUCHE
Benetton, un minero derecho y humano
Sus intereses mineros ocultos y los lazos con las consultoras que sostuvieron a la dictadura.
Cuando cualquier persona llama por primera vez a una de las oficinas de Benetton en Buenos Aires se sobresalta. A veces cree que discó equivocado, y corta la comunicación abruptamente. El motivo es simple, casi un detalle; la persona que atiende el teléfono en la compañía dice estoicamente "hola" sin aclarar, como es costumbre, con qué empresa se está hablando. Cuando nosotros hicimos la prueba y llamamos, nos surgió una pregunta. ¿Se trataría de una secretaria mal educada, o de una nueva técnica de comunicación diseñada por una consultora de RRPP?
La segunda respuesta resultó ser correcta: el saludo anónimo forma parte de la estrategia de marketing del grupo italiano en la Argentina. Simplemente, a Benetton no le interesa que usted sepa qué empresas funcionan allí.
Suena extraño, pero tiene su explicación. Desde hace algunos meses, circula un rumor de que Benetton es dueño de una empresa minera. Según esta versión, que también apareció en Internet, la "Minera Sud Argentina SA" se habría formado el 9 de Mayo del 2003 para "la adquisición, disposición y transferencia de propiedades y derechos mineros. Prospección, exploración, desarrollo, preparación, explotación, extracción, refinamiento de minerales y subproductos". También se decía que el presidente de la flamante minera es Diego Perazzo, el vice de la Compañía de Tierras Sud Argentino SA (CTSA), propiedad de Benetton.
Muchas veces también se demostró que la zona de donde fue desalojada en Octubre del 2002 la familia Mapuche Curiñanco-Nahuelquir, estaba rodeada de al menos de 15 cateos mineros, y que posiblemente el interés por el oro haya estado detrás del despojo contra ese matrimonio originario de Esquel.
El dato no es menor, menos si el propio Benetton el dueño de la minera. La extracción de oro a cielo abierto fue rechazada por la gran mayoría de la población, y especialmente en Esquel, donde las intenciones de utilizar cianuro generaron masivas movilizaciones y un plebiscito donde el 85% votó contra la actividad. Incluso hasta los propios directivos y abogados de Benetton en Argentina deslizaron su oposición a la mina, intentando mantener frente a la población el perfil “progresista“ que siempre vendió la compañía en sus publicidades. [Leer informe completo]
Primeras repercusiones:
Mapuches acusan a Benetton de buscar oro en sus tierras (Inter Press Service)
Benetton confirmó su interés minero en la cordillera (Diario Crónica - C. Rivadavia)
Denunciaron conformación de una empresa minera (Diario El Oeste - Chubut)
Se confirma información adelantada por el sitio Patagonia Argentina
dilaca | 14-06-2005 02:38:54
Presentación del tema: "LA TRAMPA DEL INDIGENISMO"
El trabajo de Marcos Aguinis, es un tema sumamente actual, nos compete a todos los latinoamericanos que venimos desde la emancipación buscando confundidos un camino de justicia y paz no excluyente.
Como sostiene Aguinis: “impulsar el indigenismo hacia el pasado es una trampa que sólo beneficia a demagogos, ignorantes y populistas. Lleva hacia conflictos ingobernables, derramamiento de sangre y un aumento de la pobreza”. Algo así como el que el militar retirado Ollanta Humala Tasso nos ofrece en el Perú.
No puede haber desarrollo si los que pretenden gobernar proponen a nuestros pueblos recetas fracasadas del pasado; el pasado es necro, corresponde al mundo de lo muerto, es simplemente un referente, lo único que podemos construir es el presente y proyectar el futuro. No se construye equidad gobernando para beneficio de grupos, sean minoritarios (como los que vivimos) o mayoritarios como los actuales movimientos indigenistas en Bolivia y los marginados y excluidos como pretende Humala en el Perú.
El mundo actual con toda la experiencia acumulada demanda administraciones de concertación con los actores sociales y económicos. Nuestros países requieren gobiernos que beneficien a todos los ciudadanos, cuya gestión debe traducirse en la calidad de vida promedio de todos los habitantes; haciendo que los que más tienen paguen sus tributos en función a su patrimonio y los que nada tienen accedan a puestos de trabajo de calidad con ingresos que les permitan vivir como corresponde, entre otras acciones que bien puede concertarse y conducirnos a un armónico desarrollo nacional.
CESAR ACHING GUZMAN | 28-05-2006 17:44:18